jueves, 30 de enero de 2020

San Carlos Borromeo Oracion: "Un único objetivo, el Amor"

Un único objetivo, el Amor

San Carlos Borromeo

Catedral de Milán, 20 de mayo de 1584

Tú, oh Señor,
puedes levantar de las piedras a los hijos de Abraham.
Éste es tu oficio.

Aquí te presentamos y ofrecemos nuestros corazones,
sean como sean.
Recuerda las palabras
con las que prometiste aliviarnos
de este corazón duro y de piedra.

Extráenos nuestros corazones,
ofrécenos aquellos que te son gratos,
a fin de que deseemos únicamente tu voluntad,
a fin de amarte sólo a ti por encima de cualquier cosa
y logremos ser dignos de tu amor.

San Carlos Borromeo Oracion: "Su amor por la Iglesia"

Su amor por la Iglesia

San Carlos Borromeo

Catedral de Milán, 30 de marzo de 1584

Mira, Oh Señor, desde el cielo y contempla tu viña,
la santa Iglesia plantada, adornada y elevada
por la valiosa Sangre de tu Hijo
y mantente siempre presente,
para que formes un único ente con la Iglesia del cielo.

Y tú, Padre, por los méritos y las oraciones de tu Hijo,
mira propiciamente a tu siervo, el Papa,
pastor de tu Iglesia universal,
y benefícialo con la palabra y el ejemplo
y permítele alcanzar, junto a su grey, la vida eterna.

Vigila a todos los Obispos y Sacerdotes y al Clero
para que amen a su grey como Cristo nos ama a nosotros,
para que estén preparados a ofrecer la vida y a dar su sangre
por las almas que les han sido encomendadas,
y se consideren ministros y dispensadores de tus misterios.

Vigila finalmente, a través del rostro, el cuerpo, las llagas, la sangre
y la muerte de Cristo, tu Hijo Unigénito,
a todos los hombres de cualquier raza, grado y condición,
puesto que para todos y cada uno esa sangre fue vertida,
para que no dejen de santificar tu nombre,
de divulgar tu Reino y tu gloria,
y se haga en fin tu voluntad así en el cielo como en la tierra.

San Carlos Borromeo Oracion: "Su devoción mariana"

Su devoción mariana

San Carlos Borromeo

Catedral de Milán, 15 de enero de 1584

Oh, Madre indulgente,
desde el cielo, dirige tu mirada hacia nosotros
y contempla nuestra pobreza y miseria.

Nos falta el vino de la caridad y del fervor,
el vino que alegra a Dios y los hombres;
¡falta la piedad, falta la religión!
Dirígete, te suplico, al Hijo, diciéndole:
oh Hijo, ya no tienen vino,
aquellos que tú has querido que sean tus hermanos,
por quienes naciste y moriste,
que has deseado saciar con tu valiosísima
sangre […]

¡Pero he aquí que ahora todo se ha transformado
en el vino del amor y la suavidad!
Ahora están frías a veces incluso las almas,
pero, cuando Cristo se acerca,
se colman de caridad y fervor.

¡Oh, que cambio admirable
el de esta agua en vino! […]
María, Madre de la misericordia,
abogada del género humano,
implora por nosotros esta transformación
del agua en vino, del llanto en gozo:
pero contribuyamos también nosotros a sus plegarias,
ejecutemos con prontitud
las órdenes de Cristo,
a fin de experimentar en nuestro interior la fuerza de Dios.

San Carlos Borromeo Oracion: "La importancia de la ejemplaridad"

La importancia de la ejemplaridad

San Carlos Borromeo 

Vercelli, 5 de septiembre de 1583

Oh, Rey poderosísimo del cielo y de la tierra,
mi Señor y mi Dios,
en cuyas manos está todo el poder del cielo y de la tierra,
ante ti me presento,
yo, criatura indigna, que tantas veces te he ofendido.
Sé, Señor,
que has perdonado todas mis faltas,
has observado mis males,
me has salvado de la perdición,
me has colmado de misericordia y de gracia,
me has protegido con tu derecha
y has colmado todos mis deseos.

Y también sé que yo, a cambio,
he transgredido tantas veces tus órdenes,
no te he honrado debidamente
y he hecho tantas cosas que no apruebas;
reconozco mi pecado
y con ánimo suplicante y humillado
confieso «haber pecado contra ti»,
contra ti, el «único Señor altísimo sobre toda la tierra»,
mientras nosotros somos tu pueblo,
corderos de tu grey.

Deseo que a partir de ahora todos mis esfuerzos
se encaminen a complacerte.

Pero, «¿qué te ofreceré por todo aquello que me has dado?»
¿Qué ofrenda podría hacerte para devolverte todos tus beneficios?
Incluso «si me entregase en cuerpo y alma en tus manos,
nunca podría recompensarte por tu ayuda».

Pero he podido oír lo que deseas de mí
por lo que te entrego mi corazón,
te lo ofrezco completo:
que sea todo tuyo
y que no haya en él ningún otro amor
que no sea el que tú me inspires.

Señor,
haz de mí lo que desees:
si me quieres sano,
que yo esté sano;
si me quieres enfermo,
acepto todos los males;
si quieres prolongar mi vida,
que yo viva;
si decides mi muerte,
ésta me será grata.

Renuncio a cualquier deseo por una suerte o por
otra:
lo pongo a tus pies.

Sólo una gracia te pido:
ya que me has nombrado guía de un pueblo tan numeroso,
otórgame «esa sabiduría que envuelve tu trono,
envíala de los cielos santos y del reino de tu gloria,
para que me guíe y me asista en mi labor
y yo pueda saber qué te complace más.

me guiará con prudencia en mis acciones,
me protegerá con su poder:
de esta forma mis obras te complacerán
y yo guiaré con justicia a tu pueblo» (cfr. Sap. 9).

Así, sin alejarme jamás de tu voluntad, caminaré el primero por la senda de tus preceptos
y por ella guiaré a los fieles,
sabiendo que no debo vivir según mi deseo,
sino reconociéndome tu súbdito
y conformando mi voluntad a tu ley.

San Carlos Borromeo Oracion: "Su contemplación de Jesús"

Su contemplación de Jesús

San Carlos Borromeo

Vercelli, 3 de septiembre de 1583

Oh, dulce Jesús,
amigo afectuoso, hermano, esposo,
¿es posible que haya quien no
se conmueva con tus palabras
y no se enternezca
viendo tus heridas y tu sangre?
¿Cómo puedo permitir que tú sigas llamando sin descanso?
Entra, entra en tu casa, en tu estancia:
aspérjame, lávame,
embriágame con tu sangre,
para que pueda estar siempre contigo
y jamás vuelva a alejarme.

Abre, oh Señor,
el oído y el corazón de tus fieles,
para que escuchen tus llamadas,
te busquen con urgencia durante toda su vida,
te hallen,
te lleven con ellos
y jamás dejen que te alejes:
te custodien en su interior como algo propio,
hasta el momento en que tú los conduzcas a tu reino,
donde gozarán eternamente.

San Carlos Borromeo Oracion: "La importancia de la intercesión"

La importancia de la intercesión

San Carlos Borromeo

Nerviano, 21 de agosto de 1583


Oh, Señor,
he aquí ante ti mis hijos,
y, junto a ellos, mi persona.
Todos, infinidad de veces, hemos ofendido a nuestros hermanos
y, lo que aún es peor,
te hemos ofendido a ti.

Nos arrepentimos, Señor,
de nuestra conducta
y deseamos repararla.

Pedimos perdón
a todos aquellos a quienes hemos ofendido
y nos postramos a sus pies para obtenerlo.

Y si alguien injustamente se ha encolerizado con nosotros,
provocando nuestra indignación con palabras y con acciones
nosotros, por tu amor, Señor,
ahora le perdonamos sinceramente.

Así, reconciliados, regresamos a tu altar
para presentarte nuestra ofrenda,
para inmolar ante ti nuestra voluntad,
aquello que más preciamos;
para sacrificarte nuestro corazón,
aquello que más precias.

Desde tu santo trono, Señor,
dígnate a aceptar nuestro sacrificio
y a mirar con ojos benévolos y misericordiosos
nuestros dones,
que, tal como son en verdad,
deben ser siempre tuyos.

Deseamos ofrecernos de nuevo a ti,
nosotros que somos obra de tus manos,
y que, en ningún lugar,
si no en tus manos,
podemos encontrar la completa seguridad.

Oh, Señor,
en tu majestad,
no desprecies nuestra humilde ofrenda,
porque, aunque sea poca cosa,
nosotros, en nuestra pobreza,
la ofrecemos con todo el impulso de nuestro corazón.

Si tú la aceptas,
nosotros seremos felices,
porque, tras habernos enriquecido
aquí en la tierra con tu gracia,
tú nos permitirás acceder a la morada celeste,
donde vives y reinas,
bendito, por los siglos de los siglos.

San Carlos Borromeo, Oracion: "Su devoción por la Eucaristía"

Su devoción por la Eucaristía

San Carlos Borromeo

Catedral de Milán, 9 de junio de 1583

 

Te adoramos, Ostia divina,
te adoramos, Cristo, Hijo del Dios viviente,
que te sacrificaste por nuestra salvación.

Tú, para ofrecernos una señal de tu inmensa caridad
respecto de nosotros,
nos ofreciste bajo la apariencia del pan y del vino
tu cuerpo divino como alimento
y tu preciosa sangre como bebida,
porque en esta Ostia, oh, Cristo santo,
tú estás presente, verdadero Dios y verdadero hombre.

«Realmente tú eres un Dios oculto» e invisible
que, bajo otras apariencias, eres recibido por nosotros visiblemente
y, así recibido, eliminas los pecados,
purificas las almas,
otorgas la gracia,
aumentas las virtudes
y nos guías hacia la verdadera grandeza.
Haz que sólo a ti se dirijan nuestro afecto
y nuestras obras;
que te busquemos sólo a ti
y que, tras haberte hallado, nunca,
ni por tentación ni el paso del tiempo,
nos separemos de ti.

De tal forma que se nos conceda pasar
de esta morada terrena
a aquella eterna del cielo.