jueves, 30 de enero de 2020

San Carlos Borromeo Oracion: "La importancia de la ejemplaridad"

La importancia de la ejemplaridad

San Carlos Borromeo 

Vercelli, 5 de septiembre de 1583

Oh, Rey poderosísimo del cielo y de la tierra,
mi Señor y mi Dios,
en cuyas manos está todo el poder del cielo y de la tierra,
ante ti me presento,
yo, criatura indigna, que tantas veces te he ofendido.
Sé, Señor,
que has perdonado todas mis faltas,
has observado mis males,
me has salvado de la perdición,
me has colmado de misericordia y de gracia,
me has protegido con tu derecha
y has colmado todos mis deseos.

Y también sé que yo, a cambio,
he transgredido tantas veces tus órdenes,
no te he honrado debidamente
y he hecho tantas cosas que no apruebas;
reconozco mi pecado
y con ánimo suplicante y humillado
confieso «haber pecado contra ti»,
contra ti, el «único Señor altísimo sobre toda la tierra»,
mientras nosotros somos tu pueblo,
corderos de tu grey.

Deseo que a partir de ahora todos mis esfuerzos
se encaminen a complacerte.

Pero, «¿qué te ofreceré por todo aquello que me has dado?»
¿Qué ofrenda podría hacerte para devolverte todos tus beneficios?
Incluso «si me entregase en cuerpo y alma en tus manos,
nunca podría recompensarte por tu ayuda».

Pero he podido oír lo que deseas de mí
por lo que te entrego mi corazón,
te lo ofrezco completo:
que sea todo tuyo
y que no haya en él ningún otro amor
que no sea el que tú me inspires.

Señor,
haz de mí lo que desees:
si me quieres sano,
que yo esté sano;
si me quieres enfermo,
acepto todos los males;
si quieres prolongar mi vida,
que yo viva;
si decides mi muerte,
ésta me será grata.

Renuncio a cualquier deseo por una suerte o por
otra:
lo pongo a tus pies.

Sólo una gracia te pido:
ya que me has nombrado guía de un pueblo tan numeroso,
otórgame «esa sabiduría que envuelve tu trono,
envíala de los cielos santos y del reino de tu gloria,
para que me guíe y me asista en mi labor
y yo pueda saber qué te complace más.

me guiará con prudencia en mis acciones,
me protegerá con su poder:
de esta forma mis obras te complacerán
y yo guiaré con justicia a tu pueblo» (cfr. Sap. 9).

Así, sin alejarme jamás de tu voluntad, caminaré el primero por la senda de tus preceptos
y por ella guiaré a los fieles,
sabiendo que no debo vivir según mi deseo,
sino reconociéndome tu súbdito
y conformando mi voluntad a tu ley.

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