La importancia de la intercesión
San Carlos Borromeo
Nerviano, 21 de agosto de 1583
Oh, Señor,
he aquí ante ti mis hijos,
y, junto a ellos, mi persona.
Todos, infinidad de veces, hemos ofendido a nuestros hermanos
y, lo que aún es peor,
te hemos ofendido a ti.
Nos arrepentimos, Señor,
de nuestra conducta
y deseamos repararla.
Pedimos perdón
a todos aquellos a quienes hemos ofendido
y nos postramos a sus pies para obtenerlo.
Y si alguien injustamente se ha encolerizado con nosotros,
provocando nuestra indignación con palabras y con acciones
nosotros, por tu amor, Señor,
ahora le perdonamos sinceramente.
Así, reconciliados, regresamos a tu altar
para presentarte nuestra ofrenda,
para inmolar ante ti nuestra voluntad,
aquello que más preciamos;
para sacrificarte nuestro corazón,
aquello que más precias.
Desde tu santo trono, Señor,
dígnate a aceptar nuestro sacrificio
y a mirar con ojos benévolos y misericordiosos
nuestros dones,
que, tal como son en verdad,
deben ser siempre tuyos.
Deseamos ofrecernos de nuevo a ti,
nosotros que somos obra de tus manos,
y que, en ningún lugar,
si no en tus manos,
podemos encontrar la completa seguridad.
Oh, Señor,
en tu majestad,
no desprecies nuestra humilde ofrenda,
porque, aunque sea poca cosa,
nosotros, en nuestra pobreza,
la ofrecemos con todo el impulso de nuestro corazón.
Si tú la aceptas,
nosotros seremos felices,
porque, tras habernos enriquecido
aquí en la tierra con tu gracia,
tú nos permitirás acceder a la morada celeste,
donde vives y reinas,
bendito, por los siglos de los siglos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario