Su devoción por la Eucaristía
San Carlos Borromeo
Catedral de Milán, 9 de junio de 1583
Te adoramos, Ostia divina,
te adoramos, Cristo, Hijo del Dios viviente,
que te sacrificaste por nuestra salvación.
Tú, para ofrecernos una señal de tu inmensa caridad
respecto de nosotros,
nos ofreciste bajo la apariencia del pan y del vino
tu cuerpo divino como alimento
y tu preciosa sangre como bebida,
porque en esta Ostia, oh, Cristo santo,
tú estás presente, verdadero Dios y verdadero hombre.
«Realmente tú eres un Dios oculto» e invisible
que, bajo otras apariencias, eres recibido por nosotros visiblemente
y, así recibido, eliminas los pecados,
purificas las almas,
otorgas la gracia,
aumentas las virtudes
y nos guías hacia la verdadera grandeza.
Haz que sólo a ti se dirijan nuestro afecto
y nuestras obras;
que te busquemos sólo a ti
y que, tras haberte hallado, nunca,
ni por tentación ni el paso del tiempo,
nos separemos de ti.
De tal forma que se nos conceda pasar
de esta morada terrena
a aquella eterna del cielo.
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